
Jon Agiriano, enviado especial - 07/07/2010
De la mejor manera posible, con un fútbol soberbio ante la que la poderosa Alemania tuvo que claudicar, indefensa frente a tanto talento, España tocó este miércoles el cielo en el estadio Moses Mabhida de Durban. 'La Roja' se había hecho esperar, como las grandes damas, y apareció en el momento justo, deslumbrante, para alcanzar la final de la Copa del Mundo. El partido sirvió para demostrar algo evidente y es que, cuando juega a su nivel, España es el mejor equipo del planeta, uno de esos que, por encima de los títulos, trascienden a su época y quedan para siempre en el recuerdo. Pasarán los años y se seguirá hablando de la España de Xavi, Iniesta, Villa y demás. La sinfonía del equipo nacional se prolongó durante los noventa minutos y abarcó todas las facetas posibles del juego: el toque, la presión y una magnífica defensa.
Sólo faltó algo más de instinto asesino frente a la portería de Neuer para que la música hubiera sonado perfecta y no hubiera habido que sufrir hasta el último segundo. Pero tampoco se puede hacer historia sin algún padecimiento.
Vicente del Bosque fue uno de los héroes del partido por su valentía y por su sentido común. Por mucho que la Alemania de Löw sea más fuerte que la de hace dos años, quiso convertir el partido en una réplica de la final de Viena y lo consiguió. El seleccionador sorprendió a todos con la inclusión de Pedro en el equipo titular en detrimento de Fernando Torres, una apuesta que obligó a recolocar a Villa por el centro. El cambio era tan difícil de imaginar después de cuatro partidos repitien
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